Según se desprende del correspondiente informe oficial del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el campo español, al que desde Tatoma llevamos años ayudando desde nuestra división Agro, cumple con el Medio Ambiente y puede presumir de ello. Así queda de manifiesto en el último análisis acerca de los efectos del denominado 'Pago verde', más conocido como greening, que comenzó a aplicarse hace cinco años en nuestro país y que ha terminado erigiéndose como una interesante herramienta para avanzar en términos medioambientales.
Antes de avanzar en las cifras, recordemos que el Pago Verde es una retribución dentro de la Política Agraria Común (PAC) por prácticas beneficiosas con el medio ambiente y el cumplimiento de requisitos ecológicos.
Diversificación de cultivos
Asociaciones muy representativas como la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) han celebrado las conclusiones del citado informe, ya que certifica que el campo español ha incrementado considerablemente "una de las medidas más beneficiosas que exige la PAC: la diversificación de cultivos". Si bien en 2014 en nuestro país el monocultivo era la opción mayoritaria (63%), desde ese año y hasta el 2019 ha ido evolucionando de tal forma que se ha quedado en un 38%. "De igual forma, el número de explotaciones que en 2014 tenían cuatro o más tipos de cultivo, se ha ido incrementado desde el 37% al 62% en 2019. En concreto las explotaciones con 4 cultivos son las que más han aumentado, pasando de un 18% en 2014 a un 26% en 2019", explican desde el Ministerio.
Evolución de las superficies de interés ecológico
Por su gran beneficio medioambiental, este tipo de superficies son la segunda gran exigencia del Pago Verde. Aunque "en términos absolutos la superficie total de SIE en España se mantiene con pequeñas variaciones" en todo este tiempo, sí que es cierto que los responsables ministeriales han detectado "una ligera disminución en la declaración de este tipo de superficies", aunque mínima, por parte de las CCAA.
¿Qué son los secuestradores de carbono?
Aquellos que se dedican a la agricultura seguro que han respondido a la primera: se trata de los pastos permanentes, fundamentales en la lucha contra el cambio climático y cuyos propietarios pueden beneficiarse del greening si cumplen con una serie de requisitos. "En 2019 ha aumentado la superficie de estos pastos, con respecto a la campaña anterior, con un total de 6.825.416,50 ha de pastos permanentes ubicados en zona Natura 2000, de la cual 2.609.530 se consideran pastos medioambientalmente sensibles", concluye el informe, en el que se aprovecha para recordar que este tipo de terreno no puede convertirse para otras labores, ni tampoco se puede labrar dado su gran valor ambiental.
De hecho, en este sentido, el campo español se puede anotar otra gran noticia: se ha podido certificar que los pastos permanentes declarados "con respecto de la superficie total agrícola declarada" continúa sin disminuir más de un 5%.
Buenas conclusiones medioambientales
El balance, tal y como apuntan también desde la UPA, es más que positivo, sobre todo teniendo en cuenta que todo lo analizado no se hace únicamente por acceder al Pago Verde, sino por su peso en cuanto a la mitigación del cambio climático. Evitando el monocultivo, apostando por la protección de los pastos permanentes y mejorando el contenido de materia orgánica de los suelos se consigue "una mayor capacidad de retención del agua, además de aumentar la biodiversidad, al introducir nuevas especies y variedades en las explotaciones".
Según el correspondiente informe oficial del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el campo español, al que desde Tatoma llevamos años ayudando desde nuestra división Agro, cumple con el Medio Ambiente y puede presumir de ello.


